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Esta es la primera investigación que se hizo seriamente del caso
ocurrido en Joaquín V.González (Salta), en 1995. La hizo el
investigador Carlos Iurchuk, de La Plata, que viajó a Salta y
entrevistó a los testigos. Esta es la nota original publicada en
1995.
Entrevista a Antonio Galvagno
extraída de
El
Dragón Invisible
Por
Carlos Iurchuk
Introducción
El 17 de agosto de 1995 ocurrió un incidente que tuvo alguna
trascendencia periodística en su momento, pero que luego cayó
rápidamente en el olvido. Se trató de la caída de un objeto en
el sur de la provincia de Salta, Argentina.
En septiembre de 1996 salió publicado en el boletín electrónico
"UFO ROUNDUP", que se distribuye por Internet, que
aquella caída se había tratado de un OVNI y además se habían
recuperado 200 cuerpos de la nave que fueron llevados a la
ciudad de Victoria, Entre Ríos. Parte de estas declaraciones
fueron atribuidas a la Fundación Argentina de Ovnilogía (FAO),
cosa que no era cierto.(Ver "UFO
ROUNDUP" Volumen 1, Nº 30, 22 de septiembre de 1996)
Ante tal comunicado, Luis Burgos decidió publicar en el
número de octubre del boletín "Ovniciencia" de la FAO un
informe sobre el caso con todo lo que se sabía hasta ese
momento. Dicho informe se basó fundamentalmente en las noticias
publicadas en los diarios y revistas de aquella época
(Ver
Boletín "Ovniciencia" Nº 6, octubre de 1996).
Asimismo, envío una nota aclaratoria a "UFO ROUNDUP" que
fue publicada en el mes de octubre.
(Ver
"UFO ROUNDUP" Volumen 1, Nº 32, 6 de octubre de 1996)
Nada de lo que se sabía hasta el momento de redactar aquel
número del "Ovniciencia" indicaba que se hubieran
recuperado cuerpos y menos que se hubieran trasladado a
Victoria. En realidad ni siquiera se sabía que fue lo que cayó
exactamente.
Cuando todo parecía indicar que se había llegado a un punto
muerto en la pesquisa, principalmente porque ya habían
transcurrido más de dos años del incidente y porque no
disponíamos de los medios necesarios para realizar una
investigación in situ, un llamado telefónico hace
reavivar el caso. Antonio Galvagno, el civil que más
investigó los hechos desde un principio, estaba en Buenos Aires
y deseaba entrevistarse con la gente de la Fundación.
En la tarde del 16 de octubre de 1997 nos reunimos con él en
Ensenada, localidad vecina de la ciudad de La Plata sobre las
orillas del Río de La Plata.
Este informe es una descripción de todo lo ocurrido aquel 17 de
agosto de 1995 y los días siguientes según lo contado por
Galvagno en aquel encuentro.
La
caída
Antonio Galvagno vivía con su esposa en la localidad salteña de
Joaquín V. González, departamento de Anta. Su población ronda
los 20.000 habitantes y su principal actividad es el agro, la
ganadería y la extracción de carbón. Aquel 17 de agosto, un día
diáfano, ambos se encontraban almorzando cuando a las 13:47 se
escuchan en todo el pueblo "dos tremendas explosiones. A los
poquitos segundos de la explosión se empieza a mover el piso, se
mueven los techos, las lámparas".
La gente sale enseguida a la calle creyendo que estaban ante la
presencia de un terremoto. Al hacerlo, notan la presencia de una
"tremenda franja de humo que había en el cielo". Los
primeros comentarios sugieren la caída de un meteorito o de un
avión.
Galvagno es piloto civil y se dedica a la fumigación. Por aquel
entonces tenía un avión ultraliviano biplaza que utilizaba para
tal fin. En el momento del incidente el avión se encontraba en
la pista, "así que inmediatamente lo lleno de nafta y me voy
en dirección de la larga columna de humo que veíamos".
Según nos contaba, el lugar de la caída es la Serranía Colorada
y tiene más de 1.000.000 de hectáreas. O sea que es una zona muy
amplia difícil de recorrerla en su totalidad.
Al hacer su primer contacto con la columna de humo la describe
como "parecida a una nube de hollín, con partículas
metalizadas".
"Ese día la búsqueda se desarrolla sin novedad. Vuelo como 3
horas hasta que se me acaba la nafta. No encuentro nada". En
la zona del impacto había viento lo que hizo que rápidamente la
columna de humo se disipara impidiendo ubicar el lugar exacto de
la caída.
Los siguientes 15 días también los dedicó a la búsqueda sin
resultados positivos.
La foto
A 7 kilómetros de Joaquín V. González había una finca en la cual
había gente tomando sol. "Cuando ven el fenómeno, después de
algunos segundos porque quedan impactados por lo que ven, van
corriendo, sacan una cámara de foto y le tiran la foto".
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Columna
de humo dejada por la caída del objeto |
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Recolección
de testimonios
"Cuando salgo de mi casa veo la columna de humo, pero hay
gente que estaba afuera, como esta gente que tomaba sol. ¿Qué es
lo que vieron ellos?", se preguntaba Galvagno. Así, ese
mismo día después de su frustrada búsqueda, empezó a recolectar
los primeros testimonios de personas que fueron testigos del
incidente.
La gente que toma la foto anterior "lo que ven es una
explosión, un fogonazo inmenso. A partir de ahí dicen que ven
una bola roja que empieza a caer con movimientos oscilantes. Y
esa bola roja dicen que desaparece detrás de los árboles".
Según Galvagno, esta "bola roja" no se desintegró en el
aire sino que cayó entera. "Cuando hace impacto en el piso es
cuando nosotros sentimos el movimiento telúrico".
Al recorrer los pueblos más cercanos al hecho, los testimonios
empezaron a aclarar el panorama. "Con testigos presenciales
yo habré hablado con más de 100. Testigos presenciales me
refiero a antes de sucedida la explosión". Había mucha gente
realizando tareas rurales al aire libre que vieron todo lo
ocurrido.
"Todos los testimonios coinciden que desde el sur de Bolivia
aparece una especie de plato metalizado, pero que ya venía mal,
zigzagueando". Los testigos le dan un tamaño aproximado de
200 a 300 metros de diámetro. "Pasa muy bajo por el pueblo de
Tunal y Galpón. En un momento de ese vuelo muy lento que venía
haciendo se le acercan de atrás unas cosas a muy rápida
velocidad, metalizadas, que largan un humito de la parte
trasera. Cuando esos dos objetos lo alcanzan se producen las
famosas explosiones".
"Los pueblos más cercanos al hecho escuchan seis explosiones".
Galvagno supone que las dos explosiones que se escucharon en
Joaquín V. González taparon las otras cuatro.
Un ingeniero de la compañía Plus Petrol (Galvagno
menciona el nombre completo de este ingeniero, pero creo
conveniente no publicarlo sin una autorización directa del
testigo).que
se encontraba perforando muy cerca de la caída que no sólo
confirma que se oyeron las seis explosiones sino que además "se
escuchó un ruido a turbina impresionante", aunque sin poder
determinar si el origen del mismo era "del aparato en sí o de
los que se acercaban a él". Asemejó el ruido al producido
por las turbinas del avión Concorde, en el cual él había viajado
un par de veces, pero "potenciadas una 100 veces".
"Dicen los testigos que están más cerca de la explosión que
había dos objetos estacionados en el aire, que luego de caer el
aparato desaparecen hacia arriba".
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Ampliación de la toma anterior. ¿Sería uno de los
objetos "testigos" de la caída que luego se
alejaron? |
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Doña
Paz Zamana
Durante las siete noches posteriores a la caída, la señora
Paz Zamana, (único testigo del
cual publico su nombre porque ha aparecido en todos los medios
periodísticos de aquella época).que
vive muy cerca de la zona, observa "unos aparatos grandes.
Ella me los define como 5 veces aproximadamente el tamaño de una
luna llena. En forma lenta aparecen desde el oeste, o sea desde
la cordillera de los Andes, pasan por encima de la casa de ella
a unos 200 metros, o sea que muy bajito". A partir de estos
datos, Galvagno supone que estas luces, de un color naranja muy
brillante, tendrían un diámetro aproximado de 30 metros. "En
forma muy lenta, sin emitir ningún tipo de ruido, se dirigen
hacia la zona de impacto, sobrevolando el cerro". Estaban "como
buscando algo". Siempre se perdían atrás del cerro.
Luego de esas siete noches, no hubo ningún tipo de actividad
durante las noches posteriores, hasta que un día miércoles "pasó
una nave gigante".
El testimonio de la señora Paz Zamana fue corroborado por otros
vecinos del lugar
(Lo dicho por Galvagno sobre estos
avistamiento difiere con respecto a lo publicado en algunos
diarios y revista de la época. Según estos últimos, doña Paz
Zamana la noche anterior a la caída fue cuando vio la luz
naranja. Luego de la caída apareció durante tres noches
seguidas, no siete. En el boletín "Ovniciencia" Nº 6 (octubre de
1996) se podrá encontrar la versión según lo publicado por los
medios de prensa).
La
huella
Gracias a estas declaraciones, Galvagno cambia la zona de
búsqueda, "pese a que no coincidía con la dirección que yo
creía que estaba. Yo estaba sobrevolando el otro lado del cerro.
Cuando me encuentro con estos testimonios me digo: si las naves
están ahí, evidentemente la cosa está ahí".
En la mañana del primer día de búsqueda en la nueva zona,
después de unos 15 minutos de vuelo, "veo una franja quemada
en el piso. Una franja muy larga, aproximadamente tendría unos
1.500 metros de larga y unos 600 metros de ancho".
"Cuando pego la vuelta y encaro la mancha de nuevo el avión
empieza a perder sustentación. Yo estaba a 200 metros de la
cúspide del cerro, o sea que tenía buena altura. (...) No había
viento, estaba fresco, estaba hermoso para volar. No podían
haber existido problemas de turbulencia o baja presión, estaba
perfecto. El avión siento que se me cae, se me cae. Le pongo
motor al mango, lo pongo en picada y se me cae igual, como si el
cerro me chupara. Un accidente muy extraño". Galvagno tiene
mas de 4.000 horas de vuelo y según él "es la primera vez que
me pasa algo así".
A pesar de que el avión quedó totalmente inservible después de
la caída, Galvagno no sufrió heridas en el incidente.
Luego de salir del avión, se dirigió a la huella que se
encontraba a unos 600 metros. "Yo digo: acá lo encontré, acá
lo tengo. Me hacía toda la película".
Cuando llega al lugar ve que todos los árboles, grandes y
chicos, fueron arrancados de raíz y volaron por el aire. Hasta a
unos 50 metros de sus pozos respectivos. También había una gran
cantidad de un polvillo blanco que parecía talco pero mucho más
liviano y mucho más fino (A pesar
de que Galvagno juntó y distribuyó a diferentes personas una
gran cantidad de polvillo, él no se quedó con nada. Y lo que es
peor, no se conoce ningún análisis que se le haya hecho al
mismo)
Sin embargo, lo que más le llamó la atención es que "en la
montaña, en la piedra sólida había agujeros de 70 cm, 80 cm,
hasta 1 metro".
Galvagno recorrió toda la huella a pié. La misma termina justo
al borde de un precipicio. A partir de esto, deduce que "evidentemente
el objeto siguió y cayó 5, 6, 10 kilómetros más adelante".
Esa zona se caracteriza por tener profundos y angostos cañadones
de más de 800 metros de profundidad, de muy difícil acceso por
la falta de caminos y los bosques impenetrables. A esto se suma
el hecho de que Antonio Galvagno se quedó sin avión y nadie le
pudo facilitar uno. Finalmente, algunas presiones que recibió lo
impulsaron a abandonar la búsqueda.
Las presiones
Durante aquellos primeros días posteriores a la caída del
objeto, se le presentan a Galvagno un grupo de unas nueve
personas pertenecientes a Gendarmería quienes "me prohiben la
búsqueda, me prohiben la investigación, me prohiben volar",
aduciendo que está el espacio aéreo cerrado por seguridad
nacional.
Se produce un enfrentamiento verbal bastante fuerte, en el cual
Galvagno y su equipo, varias decenas de personas, siguieron
firmes en su postura de no desalojar la zona. Además Galvagno
contaba con el respaldo de todo el pueblo lo que lo incentivaba
a no abandonar el lugar. Por todo esto es evidente que intentar
un desalojo violento por parte de Gendarmería hubiese llamado la
atención de los medios de prensa. Es por eso que toman una
salida más diplomática.
"Estuvieron como media hora deliberando entre ellos. Al rato
viene un oficial y un sub-alférez y me dice: bueno, Tony,
evidentemente acá tenemos que unificar la búsqueda. Decime que
sabés vos, te digo que sé yo, y vamos a hacernos amigos".
Se sentaron a hablar. "Ellos me dicen que había caído un
pedazo en el crestón El Gallo, ahí en Metán. Hay un pedazo caído
ahí y yo personalmente tengo que bajar el día domingo con un
helicóptero para rescatarlo. Me dicen: nosotros ya lo tanteamos
pero no lo pudimos sacar porque es muy grande. Dice que era un
pedazo metalizado como de 3,50 metros de largo y no tiene peso.
Vos lo levantás y es que como si pesara 200 gramos. Pero, si no
es en helicóptero no lo podemos sacar. El sub-alférez me dice: y
yo personalmente tengo que bajar con una soga y rescatar el
pedazo".
Cuando Galvagno le pregunta si había gente de la NASA, le
contestan: "No sé si son de la NASA, pero son yanquis los que
están manejando todo esto".
"Me extraña porque la NASA no trabaja así", repuso
Galvagno. "Lo más probables es que mañana a vos te peguen una
patada en la cola y no te dejen ir".
Tal como se lo había anticipado, al día siguiente regresa el sub-alférez,
ya sin el oficial, totalmente decepcionado. "Ni siquiera me
dejaron entrar a la finca. Escuché los helicópteros que se
fueron para el crestón y ni siquiera nos dejaron entrar a la
finca".
Luego de algunas presiones similares por parte de diferentes
personas, que decían pertenecer a diferentes organismos
oficiales, "me llama un amigo que estaba en el gobierno de
Salta. Me dice: mirá Tony, las presiones son muchas, borrate que
sos boleta". Le prestó su auto y le dio un poco de dinero
para que se fuera. Galvagno al querer saber más sobre lo que
había detrás de todo esto recibe una respuesta simple: "La
orden que Estados Unidos le dio a la Argentina es no investigar".
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Reunión
de Galvagno con algunos integrantes de la FAO.
De
izquierda a derecha: Luis Burgos, Antonio Galvagno,
Carlos Iurchuk, Walter Sukanec y Fernando Mengui. |
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Epílogo
Por supuesto que este caso no está cerrado ni mucho menos. Si
nos atenemos a lo relatado por Galvagno se deduce rápidamente
que un objeto fue derribado por dos misiles. Otros, más
escépticos, siguen sosteniendo que fue un meteorito que se iba
desintegrando e impactó en el suelo. Sea lo que sea, todos
coinciden en que "algo" cayó.
(Heriberto Janosch del CAIRP (Centro
Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia)
me envió por e-mail una copia de la nota del "Space Control
Center" (SCC) en la Cheyenne Mountain Air Station. Según el
comunicado, ellos no tienen ningún registro que un objeto
artificial haya reentrado en atmósfera terrestre en el
hemisferio sur aquel 17 de agosto. Sugieren que podría ser un
meteorito que entró a la atmósfera terrestre e impactó y/o
produjo el boom sónico).
¿OVNI? ¿Meteorito? ¿Satélite? ¿Un nuevo prototipo de nave
militar? Lamentablemente, hasta que no aparezca ese "algo"
no podremos saber la verdad.

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